viernes, 27 de noviembre de 2015







La inefabilidad del pensamiento, la imposibilidad de transmitir, de poner en palabras todo lo que bulle en la mente. Es… es como que… tenés la cabeza llena, ¿viste?,  llena de ideas que quieren salir, y nada. Miles de imágenes que pugnan por plasmarse en el papel, por convertirse en aquello que tanto desean, en palabras negras corriendo libres por este blanco papel. Y nada, che, nada de nada.

Y también el lenguaje, la lengua, herramienta inútil e imprescindible a la vez, oxímoron insoslayable de esta tarea, de este querer decir y fallar, de esta búsqueda infructuosa por comunicar, por alcanzar al otro. Porque eso de que “escribo para mí”, sí, ¡pindonga! Porque la escritura, el acto de escribir no es más que un intento desesperado de una soledad por dejar de estar sola y compartir y compartirse con otros, con uno, con veinte, con cien… 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario